Monday 16 november 1 16 /11 /Nov 16:01

Por: Soledad Flores

 

 

  “De facto, y sin discurso, los argentinos hemos decidido-para bien ignorar la historia y desconocer el imperio de los intereses- vaciar las palabras y enrevesar todo sentido. Los políticos resignan el Estado, la sociedad civil se pretende gobierno, la Iglesia hace sociología, los periodistas vigilan y juzgan, las policía informa, los bufones moralizan, los economistas filosofan, los técnicos teologizan y los intelectuales, se cuidan…” (Adolfo Sequeira, La gratitud)

 

 

Hace tiempo que el debate y las opiniones en el seno de nuestra sociedad me producen una extraña sensación de desaliento por el grado de pesimismo y agresividad que expresan.

Intelectuales y pensadores, formadores de opinión de distinta laya y personas comunes preocupadas por el quehacer nacional argumentan la objetividad como forma de  validar sus opiniones. Opiniones que en la mayoría de los casos son juicios de valor sobre los demás y que se emiten desde algún lugar en particular que esas personas ocupan y que, por lo tanto, les impide ser totalmente objetivos.

Es importante entonces tomar conciencia de este hecho, asumir plenamente la realidad del lugar desde el cual hablamos y desde esa identidad particular defender las posiciones que adoptemos.

Así, evitaremos convertirnos en adolescentes viejos sin sueños ni esperanzas o en viejos adolescentes carentes de identidad y de la estabilidad que ella otorga.

En este mismo intento fallido de total objetividad, (o huida de quién soy y de dónde vengo), Argentina y su gente se vuelven algo abstracto sobre lo cual se teoriza condenando y cuestionando a todos y a todo.

Nuestro país esta constituido por acciones muy concretas, por personas que tienen sueños, que se enojan, que piensan, que sienten, que lloran, que luchan, que sufren, que se alegran…

Pero es en esta abstracción  donde los ideales  se pierden en una confusión de juicios y valoraciones provocados por sentimientos que, en su negación, se tornan imposibles de manejar.

Es en esta abstracción donde Argentina dejó de discutir ideales, valores, principios, de plantearse el país que anhela,  para discutir sólo acerca planes sociales, de cloacas o de pozos…

Es en esta abstracción donde Argentina dejo de discutir y obrar con compromiso por el país que quiere, para emitir vociferaciones efímeras responsabilizando siempre a los demás  sin observar nuestra propia conducta en el resultado obtenido.

 Y es en esta abstracción también que se imponen visiones demonizadoras de todo lo que se opone a una  manera particular de pensar y ver la realidad, articulándose una critica negativa que conduce inevitablemente a un sentimiento de frustración cada vez mayor.

 La crítica negativa es mucho más fácil que la positiva, pero ambas pueden ser útiles a la construcción de la nación si se actúa con grandeza y tratando de no juzgar intenciones (que siempre son solo una especulación personal) sino los actos de las personas.

Siempre que la crítica es juicio de valor negativo y no incluye una autocrítica responsable, existe la sensación de falta de fe en los demás que no es otra cosa que falta de fe en uno mismo.

Y de esta manera los sucesos no dependen en nada de nosotros mismos sino de otros, llámense patrones, socios, vecinos, gobierno, etc. a quienes endiosamos o demonizamos según favorezcan nuestros pareceres e intereses, o no.

No debe haber expresión mas desalentadora y frustrante que aquella que dice  “todos los gobiernos radicales y todos los gobiernos peronistas fracasaron”.

Después de haberla escuchado me quede pensando acerca de lo que podría significar dicha afirmación. Y llegue a la conclusión que: Pareciera que el fracaso o “éxito”, (no se cual será la vara para medir cada una de estas apreciaciones), recaería sobre una sola persona cuando en realidad todos somos responsables de la nación en la que vivimos y que nadie gobernó nunca “bien”.

 Si fuera esto ultimo, cuando se expresa de esta manera, sin proponer nada a cambio, inevitablemente lleva a un callejón sin salida que no puede producir sino una gran frustración paso previo al resentimiento.

Y por otro lado no deja lugar a la esperanza, porque entonces todo depende de los demás y en nada de uno mismo quitándonos esa gratificante sensación  de sentirnos capaces de modificar la realidad.

Este análisis no pretende la ingenuidad de la otra abstracción que es creer que todo esta bien y que todos actúan bondadosamente. Sino solamente proponer una actitud positiva frente a la realidad mediante la cual la única critica valida es la que propone alternativas y  que incluye la conducta del propio sujeto como actor decisivo de la realidad que se observa.

            Alguien dijo una vez: "las personas se mueven solo por sus intereses", dándole a esta frase una connotación negativa.

            Es cierto, todas las personas se mueven por sus intereses. Y los grupos sociales también.

            La pregunta inmediata que surge de esa afirmación es ¿Quien no lo hace? Pareciera que “es mas fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio”.

             El problema es cuando esas personas o esos grupos sociales no comprenden la existencia de un interés colectivo que también debe protegerse. Interés colectivo que, para que pueda ser protegido, no debe contraponerse al interés personal, sino potenciarlo.

             Es decir que, si en esta búsqueda de una sociedad mejor,  lo que hacemos esta definido absolutamente por el bien y la comodidad personal entonces sí esta conducta es negativa.

             Pero si esos intereses están insertos en un sistema de valores que limiten actitudes individualistas, la defensa del interés personal y del interés general son parte de una misma tarea que nos potencia como seres humanos y como sociedad.

Entonces el debate pasa por la cuestión de los límites. Quizás las opiniones admitan un grado de diversidad y es bueno que así sea. Quizás  no sea difícil ponerse de acuerdo apelando al sentido común.

            Argentina se ha vuelto un país viejo pero adolescente que cuestiona la existencia del poder a partir de las especulaciones sobre las intenciones de quienes lo detentan.

 El poder ha sido una constante  en la historia de la humanidad, desde el primer ser humano hasta hoy en la medida en que el hombre es un ser gregario. Y los principios sobre los cuales se organiza y se ejerce el poder no han cambiado mucho ni para las naciones, ni para ninguna organización social sean estas empresas, ejércitos, iglesias, centros vecinales, cooperadoras escolares, etc.

Esto no es ni bueno ni malo en sí mismo. La satisfacción personal del ejercicio del poder se redime si en este camino se devuelve el alma y la dignidad a las personas, reconociéndolas como tales y se las conduce desde el corazón.

 Ver el ALMA de las personas es la cuestión cualitativa del poder.

Su ejercicio debiera tener como objetivo principal satisfacer las necesidades de la sociedad o del grupo social al que se conduce. En otras palabras el logro del bien común en esa sociedad o grupo social.

Argentina es un país que ha adoptado el sistema democrático como forma de resolver los conflictos de la sociedad. Es el voto y la responsabilidad del votante lo que hacen a esta democracia una democracia lo más verdadera posible.

            Hay demasiada gente que ha dado la vida, y ha puesto lo mejor de si mismo para construir una Argentina mejor.

             Probablemente Argentina este viviendo no una época de cambios sino un cambio de época. Es responsabilidad de todos nosotros  que este cambio de época se vuelva una lucha por  los valores y no una lucha de todos contra todos en la pretensión de encontrar culpables ajenos para justificar conductas propias.

Por Sociedad Latinoamericana de Estrategia
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